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Oración y Misión

 

El mes de octubre es una buena ocasión para volver a meditar en  la insustituible realidad misionera de todos los católicos. Dos fiestas nos llevan por ese camino, la del día primero del mes, en que recordamos a Santa Teresita de1 Niño Jesús, una Joven que murió a los 24 años y que el Papa Pío XI canonizó en 1925 y luego la proclamó. junto con san Francisco Javier, patrona universal de las misiones, y el Domingo Universal de las Misiones (18) en que en toda la Iglesia oramos y recogemos colectas para que se pueda continuar la expansión de la fe en tierras donde aun Jesús no es conocido.

Teresita nunca salió de su convento en Lisieux, aunque deseó ardientemente ser misionera y oraba consistentemente a Dios fuera conocido. Alguien que observara con buena voluntad la vida de la Iglesia podría preguntarse, pero qué puede enseñarnos esta joven religiosa que no se movió nunca de su convento y murió en la flor de la edad? Nos enseña un camino para llegar a Dios: la sencillez de alma. Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días. Tener detalles de amor con los que nos rodean. Esta es la “grandeza”de Santa Teresita. Ella decía: "Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra". El secreto es reconocer nuestra pequeñez ante Dios, nuestro Padre. Tener una actitud de niño al amara Dios, es decir, amarlo con simplicidad, con confianza absoluta, con humildad sirviendo a los demás. Esto es a lo que ella llama su “caminito”. Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios.
Escribió Santa Teresita "En efecto, ¿cómo podría yo dejar de rezar por las almas que ellos salvarán en sus misiones lejanas mediante el sufrimiento y la predicación?" haciendo referencia a tantos hombres y mujeres que dejan su tierra, su patria y su familia para ir a tierras lejanas a anunciar el Evangelio. Y es que, en realidad, el gran instrumento del que se vale Dios Nuestro Señor para que el mandato misionero que Jesús nos dejó se cumpla es la oración. Podríamos preguntarnos, a la luz de estas enseñanzas, cuanto rezamos nosotros por las misiones y cuanto oramos para que la misión continental y diocesana en que está empeñada la Iglesia en todo el continente sea una realidad. Estamos muy acostumbrados a hacer cosas, organizar y movernos, pero deberíamos estar más acostumbrados a orar, sea comunitariamente o solos, porque es desde allí donde sale la fuerza verdadera de la Iglesia. Y entre todas las formas de oración, la celebración o asistencia a la Santa Misa, ocupa el lugar privilegiado, junto al rezo del Santo Rosario, devoción que la Iglesia celebra en el mes de octubre.
Sin embargo, nos cuesta convencernos de esta verdad, porque, en el fondo, pensamos que lo que cada uno hace es lo que vale y produce frutos, ya espirituales o materiales. Que bien nos haría a todos seguir el llamado de un gran maestro de la vida espiritual, San Buenaventura: "¡Ea, hombrecillo!, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante dentro de ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto a Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve tras él. Di a Dios: Busco tu rostro, Señor, anhelo ver tu rostro. El apóstol dice: Orad incesantemente. Con esto nos enseña a acordarnos de Dios constantemente en toda acción o gesto. Enséñame, Dios mío, ese lenguaje silencioso que lo dice todo. Enseña a mi alma a permanecer en silencio en tu presencia. Que pueda adorarte en las profundidades de mi ser y esperar todas las cosas de Ti, sin pedirte nada más que la ejecución de Tu voluntad. Enséñame a permanecer callado bajo Tu acción y producir en mi alma esa profunda y sencilla oración que nada dice y lo expresa todo. Ora Tú en mí para que mi oración tienda siempre a Tu gloria y que mis deseos estén siempre fijos en Ti. No descuides tu oración, cuida tu amistad con Él. "
Pidamos a Dios nuestro Señor que nos ayude a comprender la intima unión entre oración y misión.

 

+Juan Ignacio, Obispo de San Bernardo

 

Extraido de la publicación: Iglesia en San Bernardo - Octubre de 2009.