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La caridad en la Verdad

 

Durante el mes de julio hemos, conocido la tercera en­cíclica "La Caridad en la Verdad", que el Papa Benedicto XVI ha querido entre­gar a la Iglesia y a todos los hombres de buena voluntad. Se trata de un documento en el que el Santo Padre pone como centro de todo la vida del hombre y de la sociedad humana la necesidad de que vivamos en la verdad, proponiéndola con humildad y convicción y testimonián­dola con la propia vida, a ejemplo de Jesucristo, que Él mismo es la Verdad (Jn 14,6). El Papa, con su pro­funda vida interior y su re­conocida inteligencia, no deja tema humano fuera de sus consideraciones, en especial resaltando una y otra vez que todo progreso humano, ya sea en el plano económico, social, político o técnico, exige siempre reconocer la verdad sobre el hombre y so­bre cada una de las ciencias que le ayudan a su desarrollo. Una lectura atenta del documento pontificio dará mu­chas luces a quienes quieran caminar por los caminos de un verdadero desarrollo del hombre y una observación de las enseñanzas del Santo Padre, que nos hace darnos cuenta de cómo -en muchas ocasiones- estamos levantan­do nuestro desarrollo sobre falsos fundamentos.

Con verdad y au­dacia, el Papa nos dice que "el evangelio es un elemento fundamental del desarrollo", afirmación que choca frontalmente con los intentos que vemos en muchas partes del mundo y en Chile. Qué más prueba que las diversas leyes sobre temas de familia que se han ido dictando en nuestra pa­tria, cuyo error fundamental es precisamente desconocer la verdad sobre lo que es la familia. Qué más demos­tración de nuestros errores que las políticas que se quie­ren imponer para regular la sexualidad de nuestros jóve­nes, que parten de un desco­nocimiento de lo que es la afectividad, su finalidad y su momento, para sólo tomar los elementos de hecho que ocurren e intentar impedir sus efectos. El Papa entra de lleno en la necesidad de mi­rar desde la verdad, la eco­nomía, las leyes que rigen el mercado, - muchas veces sin las debidas regulaciones con miras al bien común, - la familia, el medio ambiente, la técnica, etc., para decirnos de que si al aproximarnos a estos temas esenciales no lo hacemos desde la ver­dad, nuestras conclusiones y decisiones serán erradas, como queda comprobado en los derroteros, seguidos en muchos de estos ámbitos en el tiempo presente. "El desarrollo, dice el Papa, necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos cons­cientes de que el amor lleno de verdad, Caritas in Veritate, del que procede el autentico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don".

Se trata de una en­señanza sorprendente, propia de un tiempo de globaliza­ción, pero que nos pone ante la exigencia de la verdad so­bre nosotros mismos, pues la visión cristiana del hombre y del mundo siempre ha creí­do que somos capaces de vi­vir y conocer la verdad, pero a ella se llega solamente de la mano del reconocimiento de Dios como sumo bien y verdad y de su Hijo, Jesucris­to, redentor del hombre.

En el fondo, el Papa quiere que dejemos de lado las ideologías, las visio­nes preconcebidas, el intento de levantar un mundo bue­no sin Dios, al cual algunos apenas le dan el derecho de contemplar desde lejos y sin intervención alguna su propia obra. Las sabias y ponderadas palabras del Papa hacen resonar en nuestros oídos una pregunta esencial en el momento actual del mundo y de Chile. ¿Es posi­ble que rijan los destinos de una patria nacida y desarro­llada bajo las enseñanzas del cristianismo ideas, personas y grupos etc. que niegan esta verdad esencial e intentan levantar un desarrollo donde la visión cristiana del hombre se reduce a lo privado e íntimo? La respuesta que nos da la Encíclica Caritas in Veritate es que este inten­to es el que explica muchos de la males e injusticias que el mundo hoy sufre. Todo olvido de la dimensión espi­ritual del hombre lleva a no poder descubrir la verdad y ese ha sido - muchas veces- el derrotero que venimos siguiendo desde hace décadas. Quizá ha llegado la hora de rectificar. Pero ello requiere nuestra verdadera conver­sión a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.

+ Juan Ignacio, Obispo de San Bernardo

 

Extraido de la publicación: Iglesia en San Bernardo - Agosto de 2009.