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El difícil tema del dinero en la Iglesia
mediante las celebraciones litúrgicas, ayudar a los más pobres con las obras de caridad que silenciosamente se desarrollan en nuestras parroquias y comunidades y dar a nuestros sacerdotes una digna y básica mantención. Todos saben que lo que se recibe en las parroquias en razón de esta obligación queda en ellas y se destina a los tres fines señalados. De esa cantidad – que como podemos ver en nuestra revista diocesana es pequeña, cada parroquia envía al Obispado entre 15% y el 20%, que a partir del mes de mayo de este años se destina completamente a mantener el Seminario Mayor San Pedro Apóstol, que tiene 35 alumnos, y el Seminario Menor "Matear Dei” con 10 alumnos. Algunas veces hay personas que creen que la Iglesia tiene riquezas y hacen afirmaciones generales que nada tienen que ver con la realidad. Hay algunos que llegan a creer que las diócesis reciben dinero desde Roma, cuando la realidad es al revés: son las diócesis las que envían al año una cantidad de lo que reciben al Santo Padre, para que él disponga en las obras de caridad de toda la Iglesia. Otras personas piensan que la Iglesia tiene grandes recursos materiales, (propiedades, fundos, acciones de empresas, etc.) que personas católicas, les han dejado en su testamento. Puede que en algunos lugares ello sea así, pero no es el caso de nuestra diócesis, que no dispone de bienes más que los locales que están ubicados en el edificio del Obispado y que no alcanzan para los gastos básicos de las pocas personas y actividades de las oficinas centrales del Obispado. Todo lo que hacemos. - trabajos pastorales, construcción de iglesias, actividad caritativa, etc. -requiere estar presentando constantemente proyectos a fundaciones chilenas y extranjeras que ayudan, lo que implica mucho trabajo y estudio, hecho por los mismos sacerdotes y sus agentes pastorales. Así vive la Iglesia, tratando de imitar la pobreza del Señor Jesús. En un tiempo en que la transparencia está de moda y que sabemos con detalle cuánto ganan todos los funcionarios públicos, desde la Presidenta de la República, pasando por nuestros alcaldes y concejales, hasta el más recién llegado funcionario público, no está demás que todos sepamos que nuestros sacerdotes párrocos tienen derecho a sacar de lo que se recauda en sus parroquias el 80% de un sueldo mínimo para su uso personal o congrua y que fuera de la secretaria parroquial y algunas personas que cuidan nuestros templos, todos, quienes trababan en la Iglesia lo hacen voluntariamente. También es bueno saber que hay más de 300 personas que todos los días acuden a nuestros comedores parroquiales donde les dan alimento. Podríamos enumerar tantas otras cosas que realiza calladamente la Iglesia, pero más larga sería la lista de las que no hacemos, porque una mayoría de los católicos no cumple su obligación de justicia de contribuir con el 1% de sus ingresos y se desentiende de su propia familia espiritual, que, sin embargo, nunca los dejará solos. Uno de los aspectos que se pide a todas las comunidades revisar en esta primera etapa de la Misión diocesana es precisamente este: la corresponsabilidad de todos por las necesidades de la Iglesia. Muchas veces ni siquiera quienes asisten regularmente a la Misa Dominical entregan el 1% de sus ingresos. Hacerlo ya sería un gran paso. Más que la cantidad, que habitualmente será pequeña, cumplir fielmente esta obligación en una expresión del amor a Dios y a nuestra Iglesia y de sentir verdaderamente que los más pobres no pueden esperar. + Juan Ignacio, Obispo de San Bernardo |
Extraido de la publicación: Iglesia en San Bernardo - Mayo de 2009. |
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