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Los Lugares de encuentro con el Señor Jesús

En todas las diócesis del país hemos iniciado la misión a la que no, ha convocado la Iglesia después de Aparecida. Ya en editorial del mes anterior nos hemos referido a este tiempo y sus elementos esenciales y en estas líneas, que abre nuestra revista de abril, queremos hacer un breve resumen de las "Orientaciones para la Misión Dioce­sana 2009-2010" que ya se han entregado a los párrocos y comunidades religiosas y que luego llegaran a todos los agentes pastorales, para su estudio, meditación y ejecución.

Esta primera etapa puede llamarse de conversión, crecimiento personal y comunitario en el amor a Dios y a la Iglesia, de quienes tiene la responsabilidad de conducir los procesos pastorales y entregar los medios necesarios para que la gracia de Cristo alcance al pueblo de Dios. Es un tiempo de sensibilización de los agentes pastorales con la necesidad de ser profundamente discípulos y misioneros del Señor en la Iglesia y de la llamada a la santidad de cada uno de nosotros. Como resulta evidente, quienes deben conducir este proceso de sensibilización de nuestra vida como discípulos y mi­sioneros del Señor, son los Ministros Sagrados; el Obispo y los sacerdotes. Ellos tienen el encargo pastoral de guiar v ser pastores y maestros en nuestras comunidades y parroquias.


El primer paso para una autentica misión será el encuentro personal con Jesús, preguntándonos: ¿Qué hemos de hacer como católicos para seguir más de cerca al Señor y hacernos sus discípulos? o ¿como hemos de hacer para que en cada uno se produzca una verdadera conversión? Buscar a Cristo, encontrar a Cristo y amar a Cristo es la verdadera vocación de los discípulos y misioneros. En esta primera etapa queremos poner énfasis en los "lugares" de encuentro, con Jesús, buscando aspectos concretos que pueden mejorarse o llevarse adelante en el trabajo apostólico de nuestras parroquias y comunida­des católicas.


Entre esos lugares de encuentro con Cristo, propuestos por todos los Obispos de Chile a la Iglesia, ocuparan nuestra atención en este tiempo la Palabra de Dios, que debe ser leída, meditada y comprendida a la luz del Magisterio de la Iglesia, a quien ha sido entregada v quien tiene la misión de enseñarla en nombre del Señor Jesús. Por esta razón. a los pastores de la Iglesia les corresponderá una particular misión en esta materia. Luego, profundizaremos en la Sagrada Liturgia, que es la fuente y cumbre de vida de la Iglesia, mediante la celebración de los sacramentos de la fe y particularmente la Santísima Eucaristía, centro de la vida cristiana, personal y comunitaria. La misa dominical ocupará un lugar muy decisivo en nuestra conversión.


La vida en comunidad nos ayudará a profundizar en el sentido de la Iglesia como familia, dando especial importancia a los pobres, los marginados y excluidos en quienes encontramos particularmente a Jesús. La piedad popular, con sus ricas ex­presiones, será también un lugar de especial encuentro con el Señor Jesús, expresada en valiosas devociones en las que la oración se hace confesión de fe, súplica sentida, alabanza sincera, profunda acción de gracias. Por último, la presencia de la Cruz en nuestras vidas. Siguiendo el ejemplo de Jesús, será otro aspecto a profundizar, para que aprendamos a amar el dolor, que es la escuela del Amor.

Todo este tiempo lo viviremos en la escuela de María nuestra Madre, la prime­ra discípula y la que confirmó a los primeros cristianos en su vocación misionera. Empren­damos con alegría en todas nuestra parroquias, capillas, comunidades religiosas, colegios y escuelas, el camino de la misión, y el Señor nos dará, primero, mayores deseos de amor y santidad personal y, como un fruto, un apostolado misionero renovado y alegre que hará volver a muchos que se han alejado a la Iglesia y a otros los hará descubrir la novedad del Evangelio.

+ Juan Ignacio, Obispo de San Bernardo

Extraido de la publicación: Iglesia en San Bernardo - Abril de 2009.